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Adiós suelo indio

Hasta pronto

Creo, o quiero creer, que un viaje a India no estaría completo sin el famoso Delhi belly. Supongo que por eso decidí cogerlo el último día. Desayuné tan ricamente pero poco después empecé a notar un cierto malestar y retortijones en las tripas. Tras dos visitas al baño, y no entraré en detalles de los dolores ni olores ni colores en cuestión, supe que lo había pillado y que los planes de ir de compras de última hora serían alterados. Aún así, salimos para visitar el fuerte rojo, mientras me agarraba las tripas para parar los retortijones y los dolores.
Por fin contactamos con Smriti, la hermosa hija de Pixie, la dueña de la casa en que estuvimos en Allahabad, y arreglamos quedar a la tarde para vernos y darme el precioso saree que su madre me ayudó a comprar. Pero mis tripas tenían otros planes y mientras Mick hacia cola para comprar los billetes del metro a Qutab Minar, yo vomitaba un líquido amarillo con la misma violencia que la niña del exorcista vomitaba puré de guisantes. Así que de vuelta al hotel a descansar un rato y comer un poco de arroz insípido para poder tomar el primer antibiótico para diarreas amarillas recomendado por mi súper veterinario. Dormité unos minutos para levantarme corriendo al baño, de nuevo para imitar a la cruz del padre Karras. Pero me resisto a pasar el último día de viaje en la cama y, contra todo consejo y juicio salimos para encontrarnos con Smriti. En el viaje en metro tuve que bajar en la sexta estación porque me dio un bajón del quince y visitar uno de los baños del metro, muy bonito y conveniente, menos mal!
Por fin llegamos donde Smriti y su familia nos esperaban, pero ya demasiado tarde para visitar el minarete. Debo decir que no esperaba un trato tan amable ni tanto cariño, otra razón para seguir sintiéndome afortunada, pero se portaron genial con nosotros, nos llevaron a varios lugares queque no habíamos visto y nos invitaron a dormir en su casa, que está a 20 minutos del aeropuerto. Así que pasamos unas horas con ellos y mientras cenaban me quedé dormida acurrucada en el salón al lado de un radiador que encendieron para mí.
Por suerte no he vuelto a vomitar por ninguno de los dos lados y me encuentro mejor, aunque no bien del todo. Eso sí, no he podido comprar algunas cosas que tenía pendientes ni visitar Delhi en condiciones. Otra buena razón para volver. India es una maravilla, un shock cultural y social, totalmente diferente, es como retroceder en el tiempo, echar unas gotas de alucinógeno en la bebida, sacudir en la coctelera con unos miles de dioses y animales y respirarlo todo, fantástica mezcla ecléctica no para todos los gustos.

Publicado por almudena 3:45

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